La gracia de El patito feo es que convierte un cuento muy conocido en una experiencia de teatro musical pensada para compartir en familia. La propuesta llega a València los días 21 y 22 de febrero de 2026 y mantiene el corazón del relato: un patito distinto, un entorno que no sabe aceptarlo y un camino que termina enseñando algo que se entiende sin grandes discursos. Aquí el plan no va de “ir al teatro porque toca”, sino de entrar en una historia que atrapa, emociona y deja conversación para después.
El montaje se presenta con un tono divertido y con canciones, y eso cambia por completo la manera de vivir el cuento. No se trata solo de seguir la trama, sino de acompañarla con humor, encuentros con animales del bosque y escenas que ayudan a que los peques se mantengan conectados de principio a fin. La sensación que busca es clara: que el público infantil no solo observe, sino que sienta que está dentro de una aventura musical hecha a su medida.

Un clásico que habla de encajar sin perderse
La historia empieza con una idea tan simple como potente: ser diferente puede doler cuando el entorno no acompaña. Mamá Pata espera a sus crías con ilusión, pero uno de los patitos “no ha nacido tan bonito y gracioso como los demás”, aunque es amable y tiene buen corazón. En el corral, sin embargo, no toleran lo distinto, y ese rechazo empuja al protagonista a marcharse, con esa mezcla de tristeza y valentía que los niños entienden al instante: cuando no te dejan ser, buscas otro lugar.
A partir de ahí, el cuento se abre como un viaje de aprendizaje, con sustos y ternura en la misma mochila. Solo por el mundo, el patito se enfrenta a peligros de los que su madre ya le había advertido, y va encontrando a otros animales con los que vive aventuras. Y entonces llega el giro que lo cambia todo: la primavera y la transformación en cisne, ese momento en el que, por primera vez, se siente querido y respetado y entiende que la belleza está en el interior.
Del cuento al escenario: humor, aventura y canciones
En esta versión, el relato no se queda en la moraleja: se construye como una sucesión de escenas vivas que alternan emoción y risa. El patito no está solo en su camino; aparecen animalitos del bosque, situaciones distintas y un ritmo que va empujando la historia hacia delante, sin recrearse en lo triste más de la cuenta. Ese “toque muy divertido” sirve para que el mensaje entre suave, sin sentirlo como una lección, y para que el público se quede con la alegría de la aventura.
Las canciones funcionan como un pegamento emocional: ayudan a recordar lo que se está viviendo y a nombrar lo que a veces cuesta explicar. En un cuento como este hay rechazo, miedo, soledad y también descubrimiento; elementos grandes para un público pequeño. Por eso resulta tan interesante verlo en escena: porque la música y el humor permiten transitar esas emociones con seguridad, y el final deja una idea muy clara para llevarse a casa: la autoestima se entrena cuando te miran bien.
Grupo Luna y su manera de hacer teatro infantil
Detrás del espectáculo está Grupo Luna, una compañía que ha ido construyendo su identidad alrededor del teatro infantil y musical. En su historia se señala que el proyecto nació en 2005 como grupo teatral y que, con el tiempo, ese origen amateur evolucionó hacia una empresa de artes escénicas, con un equipo formado por profesionales del sector. Mantienen unos objetivos que marcan su sello: difundir el teatro dentro y fuera de las aulas, combinar obras modernas y musicales y fomentar el gusto por el teatro, además de apostar por un teatro infantil modernizado.
Esa trayectoria se refleja en su presencia constante en circuitos y programaciones, y en una manera de entender el oficio muy “de escenario”. Se describe a la compañía como especialista en teatro musical, cuidadosa con el detalle y enfocada a captar la atención del público, con un equipo de actores con experiencia capaz de trabajar con distintas fórmulas escénicas, desde títeres o sombras hasta interpretaciones en persona. Además, se menciona su participación en el catálogo SARC y un dato que explica su tirón: en su propia presentación se habla de un alto porcentaje de funciones con aforo completo y de una oferta amplia de espectáculos.
Las caras del espectáculo: dirección e intérpretes con recorrido
En el universo de Grupo Luna destaca la figura de Pablo Navarro, vinculado tanto a la dirección como a la organización artística de sus montajes. En el catálogo SARC, El patito feo aparece con él como director, y en el perfil de la compañía en Redescena figura como contacto principal, lo que lo sitúa como una pieza clave del proyecto. Ese tipo de liderazgo suele notarse en escena: en cómo se dosifica el humor, en cómo se ordena el relato para que no se pierda nadie y en cómo se acompasa lo musical con la acción, construyendo una dirección pensada para el público infantil.
En cuanto a intérpretes, hay nombres con trayectoria ligada a los montajes de la compañía, y algunos están documentados de forma muy concreta en relación con El patito feo. La actriz Arantxa Mayordomo, por ejemplo, cuenta con formación superior en Arte Dramático y un recorrido amplio en teatro; en su experiencia profesional aparece su participación con Grupo Luna en varios títulos y, específicamente, en El patito feo con personajes como Mamá Pato, Dragón y Lobo, además de roles en Peter Pan, Hansel y Gretel, Pocahontas o La sirenita. También aparecen asociados a producciones de la compañía intérpretes como Iris Fernández, vinculada al teatro musical y al canto, y José Luis Morón Esteve, que se presenta como gerente de Grupo Luna y actor de teatro infantil, además de asumir tareas técnicas como iluminación y sonido. Todo esto dibuja una idea clara: lo que llega a escena no es un reparto improvisado, sino un equipo acostumbrado a contar historias para familias.
