El 24 de febrero de 2026, el Teatro Talía de València recibe el espectáculo de flamenco de Álex Conde y Nino de los Reyes, una cita pensada para vivir el arte en primera persona, sin prisa y sin filtros. Es de esas noches en las que el escenario se convierte en un punto de encuentro: para quienes aman el flamenco de siempre y para quienes quieren descubrirlo desde una mirada actual.
La propuesta se apoya en algo muy sencillo y muy poderoso: la conexión. Cuando música y baile se entienden, el público no “mira” únicamente; participa desde la emoción, como si cada gesto y cada nota abrieran una puerta distinta. Y ahí es donde este tipo de espectáculos ganan sentido: en lo que se siente más que en lo que se explica.

Dos artistas, un mismo pulso
Álex Conde llega con una manera de abordar el flamenco que combina respeto y libertad, como quien conoce la tradición y aun así se atreve a jugar con ella. Su presencia aporta una base expresiva que invita a escuchar con el corazón, dejando que la melodía cuente lo que a veces no se sabe decir.
Nino de los Reyes, por su parte, pone el cuerpo al servicio de la emoción: fuerza, elegancia y una energía que se contagia sin esfuerzo. En escena no se limita a acompañar: dialoga, responde y empuja la historia hacia adelante, creando momentos que se quedan resonando mucho después de que termine la función.
Un viaje emocional con sabor a raíz
Este espectáculo no busca “enseñar” flamenco, sino compartirlo: llevar al público por distintos estados de ánimo, del recogimiento a la celebración, del suspiro a la risa. La raíz está presente como una brújula, pero el camino no es rígido: se siente vivo, flexible, cercano.
Esa combinación hace que la experiencia sea muy humana. Hay instantes de intensidad y también de ligereza, como sucede en cualquier historia bien contada. Lo valioso es que todo se sostiene en la verdad del directo: lo que ocurre frente a ti, con esa chispa que no se puede fabricar.
