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Candlelight y Morricone en Valencia

Un concierto a la luz de las velas con su repertorio más cinematográfico.

Candlelight y Morricone en Valencia
Piano de cola en Candlelight en Ateneo Mercantil de València. Foto: Fever

La música de Ennio Morricone tiene algo que sigue funcionando incluso cuando se separa de la pantalla: melodías que reconoces al instante, arreglos que abren espacio y una forma muy precisa de tensar la emoción sin necesidad de alzar la voz. En esta cita de Candlelight, ese universo sonoro se escucha en formato de cuarteto de cuerda, con la cercanía y la atmósfera que han convertido esta serie de conciertos en una de las maneras más sugerentes de revisitar grandes bandas sonoras.

El programa reúne piezas de Inglourious Basterds, Cinema Paradiso, La vita è bella, The Untouchables, Once Upon a Time in the West, The Mission o The Hateful 8, entre otras. Es una selección pensada para quienes disfrutan de la música de cine cuando deja de acompañar a las imágenes y pasa a sostenerlas por sí sola, con toda su identidad. ¿Qué ocurre cuando esas melodías se interpretan sin artificios, solo con cuerda y luz tenue? Precisamente ahí está el interés de la propuesta.

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Morricone, sin pantalla delante

Escuchar a Morricone en directo, aunque sea en una formación de cuerda, cambia la relación con su obra. Sus temas no dependen solo de la memoria cinéfila: funcionan por la forma en que construyen tensión, por el peso de cada silencio y por esa mezcla de lirismo y aspereza que atraviesa buena parte de su catálogo. Por eso este programa no se limita a una sucesión de títulos conocidos, sino que propone una lectura muy clara de su lenguaje musical.

En este repertorio aparecen la energía de Rabbia e Tarantella de Inglourious Basterds, la delicadeza de Love Theme y Totò e Alfreddo de Cinema Paradiso, la emoción de Gabriel’s Oboe de The Mission o la nobleza melódica de La Dolce Vita Theme y Amarcord Theme. También hay espacio para piezas tan reconocibles como Il Padrino, La Califfa o The Untouchables, que muestran hasta qué punto Morricone sabía escribir música con personalidad inmediata.

Un programa pensado para escuchar con atención

Más que un simple repaso de éxitos, la selección de este concierto dibuja una panorámica muy clara de su carrera en el cine. Se cruzan westerns, dramas, cine histórico y títulos recientes, pero todos comparten ese sello suyo que hace que unas pocas notas basten para situar el tono de una escena. El resultado es un recorrido compacto, fácil de seguir y con suficiente variedad como para que cada pieza abra una atmósfera distinta.

Interpretado por el cuarteto de cuerda String Strad, el repertorio gana un punto de intimidad que encaja muy bien con Candlelight. La música queda al descubierto, sin el soporte de la imagen ni de una gran orquesta, y eso permite apreciar mejor la arquitectura de cada tema. Quien disfrute reconociendo melodías, pero también quien busque una escucha más concentrada, encontrará aquí un formato especialmente afinado.

Lo que conviene tener en cuenta antes de ir

La cita será en el Ateneo Mercantil de Valencia, en la Plaza del Ayuntamiento, 18. Las localidades se asignan a la llegada según el tipo de entrada comprada, y el recinto cuenta con accesibilidad para personas en silla de ruedas, aunque solo se ofrecen entradas en las zonas A y C para ese caso.

Si se quiere añadir un detalle distinto al plan, existe la opción de una foto instantánea Candlelight por 5 euros y un pack de 3 velas por 15 euros. Son añadidos opcionales, pensados para quienes quieran llevarse un recuerdo o prolongar en casa ese ambiente tan reconocible de la serie Candlelight.

Un formato que funciona por cómo escucha el público

La gracia de este tipo de concierto está en que no intenta competir con la película, sino cambiar el punto de vista. Morricone, que ya escribía con enorme precisión para la imagen, adquiere aquí otra lectura: más desnuda, más directa y también más fácil de seguir en sus recursos compositivos. La escucha se vuelve más atenta, y eso favorece especialmente a un autor que sabía convertir una melodía en una escena completa.

Además, el repertorio elegido deja fuera cualquier exceso y apuesta por temas que han resistido muy bien el paso del tiempo. Tal vez ahí resida parte de su fuerza: en que siguen sonando familiares sin perder matices, incluso cuando se sacan de su contexto original. Y eso, en una sala con luz de velas y cuerda en primer plano, pesa mucho más de lo que parece.

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