La música de Ennio Morricone tiene algo que sigue funcionando incluso cuando se separa de la pantalla: melodías que reconoces al instante, arreglos que abren espacio y una forma muy precisa de tensar la emoción sin necesidad de alzar la voz. En esta cita de Candlelight, ese universo sonoro se escucha en formato de cuarteto de cuerda, con la cercanía y la atmósfera que han convertido esta serie de conciertos en una de las maneras más sugerentes de revisitar grandes bandas sonoras.
El programa reúne piezas de Inglourious Basterds, Cinema Paradiso, La vita è bella, The Untouchables, Once Upon a Time in the West, The Mission o The Hateful 8, entre otras. Es una selección pensada para quienes disfrutan de la música de cine cuando deja de acompañar a las imágenes y pasa a sostenerlas por sí sola, con toda su identidad. ¿Qué ocurre cuando esas melodías se interpretan sin artificios, solo con cuerda y luz tenue? Precisamente ahí está el interés de la propuesta.

Morricone, sin pantalla delante
Escuchar a Morricone en directo, aunque sea en una formación de cuerda, cambia la relación con su obra. Sus temas no dependen solo de la memoria cinéfila: funcionan por la forma en que construyen tensión, por el peso de cada silencio y por esa mezcla de lirismo y aspereza que atraviesa buena parte de su catálogo. Por eso este programa no se limita a una sucesión de títulos conocidos, sino que propone una lectura muy clara de su lenguaje musical.
En este repertorio aparecen la energía de Rabbia e Tarantella de Inglourious Basterds, la delicadeza de Love Theme y Totò e Alfreddo de Cinema Paradiso, la emoción de Gabriel’s Oboe de The Mission o la nobleza melódica de La Dolce Vita Theme y Amarcord Theme. También hay espacio para piezas tan reconocibles como Il Padrino, La Califfa o The Untouchables, que muestran hasta qué punto Morricone sabía escribir música con personalidad inmediata.