L’Octubre Centre de Cultura Contemporània entra en una etapa muy especial con una campaña que reivindica su papel como espacio de encuentro, creación y memoria cultural. Bajo el lema «L’Octubre és casa nostra», el centro pone el foco en todo lo que ha construido durante casi dos décadas y en la actividad que sigue desplegando estos días en València.
La propuesta no se queda en una celebración simbólica. Combina una mirada a su trayectoria con varias citas ya en marcha, entre ellas una exposición, una sesión de cine y varias presentaciones de libros y debates que mantienen viva la agenda del centro. Quien se acerque ahora encontrará una programación que mezcla reflexión, arte y pensamiento crítico, con ese pulso propio que ha hecho de este lugar una referencia cultural imprescindible.
Una campaña que reivindica un proyecto cultural compartido
A punto de cumplir veinte años, Octubre CCC recuerda el camino recorrido desde que abrió sus puertas en 2006. En este tiempo, por el edificio de la calle de Sant Ferran han pasado miles de personas para asistir a presentaciones, conciertos, exposiciones, conferencias, proyecciones, talleres, jornadas y encuentros de todo tipo. La campaña actual recoge precisamente esa idea de casa común, de espacio usado y habitado por mucha gente a lo largo de los años.
Más de 5.000 actividades han pasado por su programación desde entonces, una cifra que da la medida de su intensidad y de su continuidad. No se trata solo de acumular citas, sino de sostener una manera de entender la cultura como conversación pública, como lugar donde distintas disciplinas se encuentran y donde el pensamiento contemporáneo tiene un sitio estable. ¿Qué mejor forma de celebrar una trayectoria así que seguir programando?
Paiporta 2024: memòria, fang i solidaritat, una exposición para pensar lo vivido
Dentro de la agenda actual, una de las propuestas más potentes es la exposición Paiporta 2024: memòria, fang i solidaritat, de Lluci Juan. La muestra reúne una mirada artística y documental sobre una experiencia marcada por la memoria, la materia y la respuesta colectiva, y lo hace desde una sensibilidad que conecta con la realidad reciente sin caer en el gesto vacío.
La exposición permanece abierta en la sala de exposiciones y ofrece una lectura que invita a detenerse. La fuerza de la propuesta está en cómo convierte la memoria en materia visual y en cómo hace hablar al barro, a la huella y a la solidaridad como formas de relato. Para quien busque una exposición con contenido y con fondo, esta es una de esas visitas que dejan poso.
Cine y libros para seguir pensando el presente
La programación también incluye la sesión de Dóna’m Drets, Cinema fet per dones i Drets Humans con Les culpables, una cita que enlaza cine y derechos humanos desde una perspectiva hecha por mujeres. Junto a ella, el centro mantiene su línea de presentaciones y diálogo en torno al pensamiento y la literatura, con títulos que apuntan a debates muy actuales.
Entre esas citas figuran la presentación de Reconstruir el país. Joan Fuster i Isabel-Clara Simó, de Jordi Tormo, y la de Quatre pantalles i uns peixos de colors. Contra els gegants tecnològics, de Pilar Alfonso. A ellas se suma la taula redona La memòria i la terra, organizada por PEN Català. La variedad de temas no es casual: memoria, país, tecnología y territorio aparecen aquí como piezas de una misma conversación cultural, abierta y con voluntad de intervenir en el presente.
Un lugar donde la cultura sigue teniendo conversación
Con esta campaña, Octubre CCC no solo celebra una historia ya consolidada. También reafirma una forma de estar en la ciudad basada en la continuidad, la mezcla de disciplinas y la atención a las ideas que mueven la cultura contemporánea. La programación que acompaña estos días deja claro que el centro sigue funcionando como un espacio de paso, pero también de permanencia.
En una época en la que muchos proyectos culturales se diluyen con rapidez, este tipo de trayectoria pesa. Lo interesante aquí es la combinación de memoria y actividad: mirar lo hecho sin dejar de programar lo que viene, sostener una identidad propia y seguir sumando públicos, conversaciones y proyectos. Esa es, al fin y al cabo, la mejor definición posible de una casa cultural.