Coque Malla, Lydia Bosch, Sandra Monfort y Estrella Morente: los nombres que atraen miradas
La presencia de figuras reconocibles ayuda a medir la dimensión de esta edición. Coque Malla aparece en uno de los títulos más potentes del programa, pero no es el único nombre que trasciende el circuito estrictamente teatral. El 20 de agosto, Lydia Bosch protagoniza Fedra, en los infiernos, una coproducción con el Festival de Mérida que pone en juego la potencia trágica del mito desde una lectura escénica de gran formato. En el tramo final del festival, la voz de Estrella Morente cerrará la programación del Teatro Romano y aportará un cierre musical de enorme tirón popular.
Junto a ellas, Sandra Monfort ocupa un lugar muy interesante dentro de la programación. Su propuesta Terra de guapes conecta con una sensibilidad que en la Comunitat Valenciana tiene cada vez más presencia: la revisión del folclore sin convertirlo en pieza de museo, sino integrándolo en un lenguaje escénico más amplio, donde la música y el cuerpo dialogan en pie de igualdad. Esa línea encaja bien con la vocación del festival de abrir el repertorio clásico a miradas nuevas y de no limitarse a una sola forma de entender la escena.
También conviene fijarse en la manera en que el festival ordena sus grandes nombres. No se trata solo de acumular rostros conocidos, sino de colocarlos en títulos que dialogan con temas muy distintos: la tragedia, la revisión de los clásicos, la música como forma de relato o la mezcla entre tradición y contemporaneidad. ¿Qué gana el público con ese cruce? Una programación que no se agota en el reclamo, sino que va alternando registros y permite pasar de Brecht a Lope, de Shakespeare a la creación musical contemporánea, sin perder coherencia.
Off Sagunt: la calle como escenario abierto y gratuito
Mientras el Teatro Romano concentra las funciones de mayor formato, Off Sagunt lleva el festival al espacio público con una programación de 11 espectáculos valencianos y gratuitos. La idea es sencilla y muy eficaz: sacar la escena de los recintos convencionales y convertir plazas, paseos y equipamientos culturales en lugares de encuentro. Para el público de la provincia, eso implica una forma distinta de acercarse al festival, más flexible y más cotidiana, sin renunciar a la calidad artística.
El ciclo arranca el 1 de agosto en la Glorieta con I si fem un clàssic?, de Visitants, una comedia callejera que revisita el Siglo de Oro desde una mirada contemporánea. El 2 de agosto, la Alameda acoge Anudar, de Marea Danza, una pieza que parte de la Dansa de les Vetes para hablar de lazos, cuidados y comunidad. Ya el 6 de agosto, la plaza Mossén Vicent Gil Tamarit recibe Bailarina a la carta, de La Siamesa, con Ángela Verdugo al frente de una propuesta basada en la improvisación y la participación del público.
La programación sigue el 8 de agosto en el Pantalán con Públic, de Fil d’Arena, una pieza de danza que trabaja el espacio marítimo como parte activa del montaje. El 13 de agosto, la Glorieta vuelve a ser escenario con Caso enterrado, de Colectiv Notknown, una obra que mezcla teatro físico, danza y circo en torno a un crimen botánico tan absurdo como sugerente. El 15 de agosto, el Centre Cívic de Puerto de Sagunto acoge Rob, de Teatre de l’Abast, una historia de supervivencia y fantasía a partir de un náufrago que trata de reconstruir su mundo.
Circo, dragones y teatro familiar para llenar las calles de agosto
En la segunda mitad del ciclo, Off Sagunt se vuelve todavía más visible en la calle con varias piezas de gran imaginación visual. El 19 de agosto, la Alameda de Puerto de Sagunto recibe Quimera, de La Fam, una producción callejera protagonizada por un dragón articulado de seis metros de altura y doce metros de longitud. La imagen del gran títere, manejado por cuatro actores, convierte la función en una intervención de gran formato que llama la atención incluso antes de empezar. En este caso, el interés no está solo en la espectacularidad, sino en cómo la obra plantea la relación entre la sociedad, la tecnología y el control sobre las máquinas que se crean.
Al día siguiente, el 20 de agosto, la Casa de Cultura de Puerto de Sagunto acoge Princeses, cavallers i dracs, de Escalante y Bramant Teatre. Se trata de una coproducción con texto y dirección de Jerónimo Cornelles que trabaja con conflictos adolescentes y con un punto de partida muy reconocible: un incidente en un museo que deriva en sospechas, tensiones y preguntas incómodas. El festival continúa el 21 de agosto en el patio de la Casa dels Berenguer con Koosha, de la Cía. El Cruce, un circo poético que amplía el registro de la programación callejera.
La recta final del ciclo mantiene ese tono lúdico y abierto. El 22 de agosto, La Glorieta acoge Juga, la última creación de La Trócola Circ, y el 23 de agosto la Plaza Antigua Morería pone el cierre oficial con Carrer 024, de Sol Picó, un espectáculo de gran formato con seis bailarines y escenografía móvil. La clausura deja una idea muy clara: la calle no funciona aquí como simple decorado, sino como un espacio que también puede sostener danza, riesgo y una escritura escénica de gran ambición.
Inclusión, mediación y un festival que mira más allá del cartel
Más allá de la programación visible, Sagunt a Escena 2026 refuerza una línea de trabajo que le da sentido a largo plazo: la mediación y la inclusión social. La dirección adjunta de Artes Escénicas del IVC ha subrayado que el festival incorpora talleres específicos y funciones accesibles dirigidas a colectivos vulnerables locales. Esa orientación no se queda en un gesto simbólico, sino que se traduce en experiencias concretas que conectan creación artística y participación real.
Uno de los proyectos más significativos es Un lugar para danzar, un taller de danza e investigación del movimiento desarrollado en colaboración con la Asociación InsProject, centrada en la inclusión de personas con discapacidad física y mental. Además, quienes participan en esa formación asisten de forma activa a la función de Hamlet del 11 de agosto. Esa relación entre práctica, acompañamiento y acceso a la escena amplía el alcance del festival y le da una dimensión social que no siempre se ve desde fuera, pero que aquí forma parte de su identidad.
También conviene mirar el conjunto como una manera de ordenar agosto en la provincia de Valencia. Sagunt se convierte en un punto de referencia para quien busca teatro clásico, pero también para quien prefiere la calle, la danza o el circo. La programación está pensada para que el público pueda elegir entre distintos códigos y distintos ritmos, desde la solemnidad del Teatro Romano hasta la cercanía de una plaza o un paseo marítimo. Y ahí está buena parte de su atractivo: en agosto, el festival no pide una sola forma de asistir, sino que ofrece varias, todas con una misma ambición cultural.