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Besos vuelve al Teatre Talia con una revisión para el presente

La comedia de Albena Teatre regresa con escenas nuevas y canciones de siempre.

Besos vuelve al Teatre Talia con una revisión para el presente
Actores en escena de Besos, Teatre Talia. Foto: Albena Produccions

Besos ha vuelto al Teatre Talia con una lectura actualizada de una de las comedias más queridas de Albena Teatre. La obra recupera su pulso original, pero lo hace con tres escenas nuevas pensadas para dialogar con hoy, con la música como hilo conductor y con ese humor que convierte lo cotidiano en material escénico.

Firmada por Carles Alberola junto a Roberto García, la pieza sigue apoyándose en historias de amor, desamor, dudas y encuentros inesperados, solo que ahora incorpora miradas más contemporáneas sobre las relaciones. Relaciones abiertas, poliamor, vínculos afectivos menos convencionales y la huella del móvil entran en juego en un espectáculo que sigue hablando de lo mismo de siempre, pero con códigos que resultan cercanos para públicos de distintas edades.

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Un regreso que dialoga con su tiempo

Tras años sin girar, Besos ha recuperado el escenario con una revisión que no rompe con lo anterior, sino que lo amplía. La obra nació hace 27 años y, desde entonces, ha pasado por teatros, salas y auditorios de la Comunitat y del país, con más de mil funciones, una docena de galardones y un Premio Max a sus espaldas. Ese recorrido explica por qué sigue funcionando: parte de emociones reconocibles y las cruza con una estructura ágil, muy apoyada en la memoria colectiva.

La actualización no es un simple maquillaje. Alberola ha incorporado escenas nuevas porque en este tiempo han cambiado muchas cosas, desde la tecnología hasta la manera de entender las relaciones. Donde antes la telefonía era apenas una novedad, ahora el móvil forma parte de la vida diaria; donde antes ciertas formas de amar quedaban más ocultas, hoy aparecen con naturalidad sobre el escenario. ¿Qué mejor terreno para una comedia que el de los vínculos humanos, con sus dudas y sus contradicciones?

Canciones que hacen avanzar la comedia

Uno de los grandes motores del montaje está en las canciones populares que atraviesan la función. Lejos de ser un simple adorno, las letras se usan para que los personajes hablen de sus relaciones sentimentales, sexuales y familiares con un punto de ironía y de juego escénico. Camilo Sesto, Rafael y otros nombres muy reconocibles aparecen como parte de un repertorio que activa recuerdos y, al mismo tiempo, dispara el humor.

Ahí reside buena parte del encanto de la propuesta: si el público reconoce la letra, la escena gana otra capa; si no la reconoce, la obra sigue funcionando porque los personajes están viviendo una situación intensa y usan esas canciones como herramienta dramática. El resultado es una comedia que se apoya en la complicidad, pero no depende de ella. Y eso la hace especialmente eficaz, porque cada espectador entra desde un lugar distinto sin quedarse fuera.

Funciones, horarios y precio

La programación está en marcha con funciones repartidas entre miércoles, viernes, sábado, domingo y festivos, en pases de tarde y de noche según el día. Entre semana predominan las sesiones de 20:00, mientras que los sábados suelen concentrar dos pases, a las 17:30 y a las 20:00. Los domingos, la cita habitual es a las 18:00.

Las entradas cuestan 22, 18 o 15 euros los miércoles y jueves, según zona, y 26, 22 o 18 euros el resto de días, también según zona. Con ese abanico, la obra se mueve en una franja accesible para un plan teatral que combina repertorio popular, revisión contemporánea y un reparto que ya conoce bien el material. Hasta el 1 de noviembre, hay margen para acercarse a esta versión renovada de un título que sigue encontrando nuevas formas de decir lo mismo.

La vigencia de una comedia muy reconocible

Parte del interés de Besos está en que no necesita grandes artificios para conectar. Le basta con mirar de frente a las relaciones humanas y apoyarse en canciones que forman parte de la memoria de varias generaciones. Esa mezcla de ternura, humor y cierta melancolía sigue teniendo fuerza porque habla de lo que cambia y de lo que permanece.

También pesa la forma en que la obra se ha ido adaptando sin perder su identidad. Las nuevas escenas no borran la pieza original, sino que la sitúan en otro momento cultural, con otros lenguajes y otras preocupaciones. Y ahí aparece su mejor baza: ser reconocible sin quedarse quieta, algo que no todas las comedias logran con tanta naturalidad.

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